Los Rolling se despidieron “del país más Stone del mundo”

Son las 9.10 y los Rolling Stones salen al escenario por décimo quinta vez en la Argentina, 21 años después de la primera, el 9 de febrero del 95 cuando vinieron a tocar el Voodoo Lounge. Ahí están, Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts y las 55 mil almas que se dieron cita con la historia en el Estadio Único de La Plata en una noche idílica.

Sobre el final del primer tema, “Start Me Up”, viene el saludo: “Hola vieja”, arenga Jagger con sonrisa pícara para iniciar un juego de seducción con sus fans que se mantendrá por más dos horas. No es una noche más, es la última presentación de las Majestades Satánicas en el país y eso magnifica la euforia de los presentes que saben que la posibilidad de volver a verlos en estas tierras pampas, las más rolingas del mundo, es remota.

“Qué triste que es el último show. No se preocupen, me compré un dos ambientes en Chacarita”, advierte Jagger. La respuesta es instantánea “Olé, olé, olé, olé, Jagger, Jagger”. Ese “olé” que deslumbró a los Stones desde el 95 y hoy le da nombre a esta gira, América Latina Olé Tour. Los temas se sucederán uno tras otro y solo se interrumpirán para alimentar el idilio. “Don’t cry for me Argentina”, balbucea Mick y resulta el afrodisíaco perfecto. El público no deja de vivarlo, a él le encanta y redobla la apuesta: “Tenemos invitados especiales. El famoso Charly García y el papa Francisco que nos mira desde México. Hola Pancho”.

Hay risas de ambas partes. Pero ellos, desde el escenario, miran embelesados. Se hacen comentarios, tienen la sonrisa tatuada. Llega el momento de las presentaciones y Richards se lleva todos los aplausos, quizá sea porque fue él quien sugirió la primera visita argumentando que Argentina era “el país más Stone del mundo”. Wood también se lleva una buena cosecha de aplausos y cuando llega el turno de Watts, Jagger le insinúa el micrófono, sabiendo de antemano que jamás lo tomará. El baterista no traiciona su personaje de sobrio británico y corre, luego de una fugaz reverencia, a su lugar sin mediar palabra.

Los Stones son locales en La Plata, así lo sentenció Mick el miércoles luego de contar que se había enterado de los dos clubes que dividen la capital provincial. “Sé que hay dos equipos rivales acá pero espero que este sea un partido amistoso porque hoy nosotros somos locales”, disparó antes de “Paint it Black” en la segunda fecha.

Las idas y venidas propias de un romance siguen. “Wu” grita Jagger para que le contesten con una réplica. La batería de Watts y las guitarras de Wood y Richards se suman al juego. Se ve, les encanta, mueren por nosotros. Hacen silencio y se dejan llevar por la música que viene del campo y las tribunas: “Ohhh los Stones, los Stones, vamos los Stones”. El amor en la víspera del 14 de febrero está al rojo vivo.

Las tres pantallas led que reproducen minuciosamente a los rockstar y no permiten que nadie quede afuera, hacen delirar a los que están en el campo que con un poco de voluntad ven a sus ídolos tamaño real y gozan en las tribunas la alta definición de esos cuerpos espigadísimos y esas caras arrugadas que denotan que por ahí no ha pasado ni un bisturí y tampoco toxina botulínica. Todo está a la vista junto a una calidad de sonido inmejorable. Pasaron más de 50 años desde que Jagger y Richards se encontraron en la estación de Dartford en 1961 donde todo comenzó. No faltaron leyendas, mujeres bellísimas y excesos, muchos excesos.

A propósito del descontrol y del estado atlético que estos monstruos que suman en total 286 años demostraron esta noche -un Jagger que no dejó de correr y bailar durante los 19 hits que interpretó-, escuché a un amigo esbozar una objeción: “Vivir debería ser una cuestión meritocrática”, disparó con cierto grado de envidia y reproche a las Majestades Satánicas por estar tan enteros a su edad y con semejante barullo acumulado en sus cuerpos tras décadas de rock. Sí que hay meritocracia. O acaso existe mayor mérito que haber pasado más de 50 años juntos, en giras, estudios de grabación, conciertos, regalándonos canciones de la talla de “Memory Montel” y con más de 70 años cada uno seguir dándonos la posibilidad de ser testigos presenciales de su magia.

Son enormes, lo saben, lo sabemos y no es casual que el día de los enamorados los encuentre acá, donde se los ama sin condiciones.

Fuente: La Nación

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