Catupecu Machu desplegó su venenosa magia en Posadas

La banda surgida en Villa Luro volvió a pisar suelo misionero pero la noche del sábado no fue una más. Su paso será recordado durante mucho tiempo, tanto por sus fanáticos como por los integrantes del grupo. La química que hubo entre los artistas y el público, durante más de dos horas y media, fue tan intensa que el líder de Catupecu pidió a los organizadores volver este año para revivir todo lo que sucedió.

Eran las 22:20 cuando las luces se apagaron en el Auditórium del Montoya. La expectativa fue creciendo entre la multitud que esperaba el comienzo del show, pero el teatro se volvió a iluminar. Fue un simple amague que duró muy poco. Cinco minutos más tarde las luces se volvieron a apagar y Fernando Ruiz Díaz apareció para convertirse en el dueño del escenario.

El frontman de la banda emergió para anunciar “Madera Microchip”: un formato que mezcla lo acústico y lo eléctrico de manera alucinante. Fernando explicó las razones para no utilizar los celulares y las cámaras fotográficas: para todos, el público y los músicos, resultaba más placentera la velada sin la presencia de los artefactos electrónicos. La única tecnología relevante de la noche estaba en el escenario.

Después de la pequeña carta de presentación, empezaron a sonar los primeros acordes de “El grito después” para arrancar ese tan anhelado viaje. Cada músico estaba en su mundo, en su cápsula imaginaria, viviendo su propio viaje y a la vez participando del viaje del resto de sus compañeros y, obviamente, el de la gente. Un viaje individual y colectivo que recién comenzaba.

“El show durará el tiempo que ustedes quieran”, anticipó Ruiz Díaz. Entre cada tema iba contando una anécdota. La segunda canción fue “Ritual” y después apareció “Klimt… pintemos”, de su último disco. Posteriormente, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche. Antes de ejecutar “Viaje del miedo”, Fernando recordó a su hermano Gaby. Esa brillante canción nació después del accidente que sufrió el ex bajista de la banda. El líder de Catupecu se emocionó casi hasta las lágrimas.

Luego llegaron los temas “Para vestirte hoy” (de Lisandro Aristimuño), “Dialecto” y “Vistiendo”. La última canción fue enganchada de manera exquisita con “En los sueños” y “Hay casi un metro al agua”. Al finalizar, se bajó el telón del primer acto. Ya había pasado una hora del comienzo del show.

A los pocos minutos, Ruiz Díaz regresó para anticipar una canción de su próximo disco. Un tema dedicado a su hija Lila e interpretado con un instrumento inusual. Él lo definió como un “objeto volador identificado”, por su gran parecido a un OVNI. La canción es sencillamente alucinante, te transporta a un universo lleno de paz, un mágico viaje.

Después vinieron más canciones, algunas conocidas y otras no tanto. Un repertorio hecho a medida de los seguidores de Catupecu. También surgieron algunos covers. Fernando explicó que su banda argentina preferida es Sumo y así apareció “Mañana en el abasto”. Luego dedicó “Across The Universe”, de los Beatles, a todos los grandes artistas que ya no están entre nosotros (Spinetta, Cerati, entre otros).

El hermano de Gabriel Ruiz Díaz una y otra vez agradeció al público por la increíble conexión. “Es una noche muy rica”, deslizó. “A esta noche no le hace falta nada” dijo y elevó una copa para brindar por “la abundancia”. Se acordó del productor que los trajo, 2M Group Vivos se encargó de la organización, y le pidió volver al Montoya antes de fin de año para hacer dos shows seguidos. Como si fuera poco anunció que en mayo del 2017 saldrá el nuevo disco.

La gente se comportó de manera increíble. Cuando sonó “Magia veneno” la locura invadió a los fanáticos. Todos de pie empezaron a cantar y bailar al ritmo de Catupecu. A su término llegó “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” para ponerle el cierre a un viaje inolvidable. Cantando ese tema Fernando se dio cuenta que en el público había un chico ciego y se bajó para saludarlo. Recordó que cuando empezaron a tocar ese tema, otro chico no vidente les dijo que esa canción estaba dedicada a él porque en una parte de la letra dice: “Empiezo a sentir que con los ojos cerrados se ve”. Otra vez la emoción invadió el Auditórium.

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Photo: Andy Wedekamper de Prensa Para Artistas.

La banda se despidió prometiendo volver pero el público quería algo más. Se cerró el telón y parecía que todo llegaba a su fin pero Fernando siempre nos sorprende. Regresó al escenario y a capela interpretó “Puedes”. La noche no podía ser tan perfecta. Catupecu Machu demostró que continúa más vigente que nunca después de 20 años de trayectoria. A partir del sábado la relación ente los fanáticos misioneros y la banda será diferente. Esa noche comenzó una magia que durará eternamente.

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