Los trucos de un perro viejo siguen funcionando a la perfección

Llegó a las calles el quinto disco del Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: “’El ruiseñor, el amor y la muerte’”. El disco más esperado de la cosecha nacional 2018. Quince canciones que se tambalean entre la oscuridad de la vida, el amor y la muerte.

Por Alejandro Javier Gutiérrez / Periodista

Carlos Alberto Solari lo hizo de nuevo. Con la salida a la calle de su último trabajo discográfico titulado “El ruiseñor, el amor y la muerte”, quinto álbum solista del ex líder de Los Redondos, cumplió con su cometido, pese a quien le pese, mantenerse dentro del pedestal donde se encuentran los grandes héroes del rock argentino. Emociones varias son las que producen escuchar las 15 piezas musicales que presenta este nuevo material. Por eso, es bueno intentar analizar detenidamente cada uno de los símbolos que se encuentran dentro de esta nueva entrega.

Empezaremos por el título: “El ruiseñor, el amor y la muerte”. Según su significado simbólico el “ruiseñor” es un ave pequeña, migratoria, que tiene como cualidad sobresaliente su canto. También está asociada con la primavera, la juventud y la belleza. A lo largo de la historia cultural, este personaje es nombrado en diferentes obras literarias y cinematográficas. Por ejemplo: la película “Matar a un ruiseñor”, basada en la novela homónima de Harper Lee. Hecha esta pequeña introducción, este será el punto de partida para dar lugar a una (de las miles) interpretación del mundo que nos regala este álbum.

Indio Solari: “No quiero hacer público el por qué del nombre del disco, acota la posibilidad de que la gente imagine, me interesa detonar la imaginación”.

Es evidente que el tema de la vida, la juventud y la muerte esta golpeado las puertas de este compositor. En un gran porcentaje, (por no decir en su totalidad) las canciones rondan por estos estadios propios de la vida humana. Para reforzar esta teoría, podríamos apoyarnos en dos acontecimientos de conocimiento público como lo son su lucha contra el parkinson y las muertes que cargó en su última presentación el año pasado.  Esta autorreferencia del título nos invita a no olvidarnos que esta vida hay cosas que son inevitables.

El arte de tapa. Simbólicamente es la más significativa, por lo menos de la etapa solista. Compartir una foto de sus padres (José y Celina) en blanco y negro no debe de ser una elección de mera casualidad (si seguimos la idea del nombre del disco). Según lo explica su biógrafo, esta tapa y el libro donde se encuentran las canciones y otras tantas fotografías, el Indio Solari, rinde una especie de homenaje a todas esas personas que iluminaron a este su camino artístico.

Musicalmente. Esta es la parte más compleja para quienes siguen de cerca la discografía de Solari. A una primera escucha, con el ansia de tener en mano (sin spoiler piratas) este nuevo material, uno solo puede librarse a la experimentación de los sonidos, su voz y sus letras. El mismo Solari alguna vez dejó asentado en una entrevista que “sus canciones dicen lo que se escucha y que cada uno puede interpretar lo que se le plazca”. Esta libertad de interpretación es subjetiva, ya que sólo basta escuchar las composiciones para entender hacia donde dispara. Claro está que la parte sentimental juega un factor importante a la hora de poder interpretar lo que nos quiere contar.

Hay que reconocer que este disco es distinto a todo lo que nos tiene acostumbrado. Suena mucho más sencillo, un tanto más romántico, donde el equilibrio de su voz se conjuga sin tantos artificios electrónicos de parte de los “Fundamentalistas del Aire Acondicionado”. Ejemplos como esto los podemos encontrar en: “El Callejón de los Milagros”, “El Tío Alberto en el día de la Bicicleta” y sobre todo en “Ostende Hotel”. Quizás para los más fanáticos todavía cuesta encontrar ese “hit power”, el cual se acomode dentro de la play list de hits pogueros.

En una conferencia con medios independientes, realizada ayer, criticó al gobierno, a la oposición y apoyó la legalización del aborto.

Seguramente el tiempo le dé ese lugar a tres grandes interpretaciones: “El Martillo de las Brujas”, “La pequeña Bamba” y “A Bailar que no hay Infierno”. En la primera, seguramente se rescate una frase que será inmortalizada en remeras y trapos: “La moderna soledad”.

Para esta oportunidad, el Indio, parece que cedió terreno en sus composiciones. El primer indicio es al escuchar su voz,  encontramos  pasajes en el cual su timbre  característico desaparece, se confunde, se pierde. A lo mejor este dato no tenga relevancia y este teñido de una nostalgia ricotera, pero vale la pena prestarle atención.

Otro de los aspectos al que nos tiene acostumbrado es a los nombres con los cuales presenta cada una de las canciones. Cada título hace sentir a cada canción valerse por sí misma.  Dato no menor son los arreglos orquestales y la presencia de las cuerdas de vientos que cobran protagonismo a medida que el disco avanza.

Para finalizar, para suerte nuestra, tenemos la posibilidad de desmitificar un poco la icónica imagen de Solari, ya que errar es humano y él como uno más de nosotros también se equivoca.  En el libro que trae las letras hay un cambio de letra en “El martillo de las brujas (Malleus Maleficarum)”, donde se pueden leer frases que el Indio no las canta, mientras que otras líneas muy importantes en el tema no figuran en la letra.

Cronología del callejón de los milagros

Es ineludible contextualizar que produce la salida de este disco. El año pasado la cosa salió mal en Olavarría. La prensa desvió los titulares y se centró en el caos que genera este fenómeno de masas que no tiene precedentes en un grupo de rock argentino y se quedó con la cifra fatal de dos muertos por asfixia dentro del recital que dio el 11 de marzo. Sin dar lugar al análisis cultural de por qué sucede este tipo de sinergia humana por un artista que elude el contacto con la gente, habla por medio de cartas abiertas o utilizando a su biógrafo-amigo-periodista Marcelo Figueras.

Pasada la tormenta ese mismo año salió a la venta la novela “Escenas del delito americano”, escrita por el Indio Solari con ilustraciones de Pablo Serafín. Según estadísticas, fue uno de los libros más vendidos el año pasado. Ya en aquel entonces se rumoreaba, por los foros, la salida de un nuevo álbum.

Al mes de ser lanzado el libro, había vendido más de 60 mil ejemplares.

Este año, en febrero después de un ataque pirata cibernético donde aparece una supuesta tapa del disco, más algunas letras, sin música, el propio Figueras a pedido “Protoplasman” (así firma Solari en esta entrega) salió a aclarar el asunto contando algunos detalles que hicieron encandecer más el deseo de que llegue el momento de su salida formal.

Una vez más recurriendo a su nuevo amigo aliado y apoyado por las redes sociales, en junio, dentro del programa “Big Bang” conducido por Figueras y musicalizado por Solari, el cual se emite todos los días de 22 a 00 por la FM 102.1 del dial porteño, se liberó al éter dos canciones para calmar el fuego, ellas fueron: “El martillo de las brujas (Malleus Maleficarum)” y “Strangerdanger”.

Fue así que en la transmisión realizada el último viernes del mes de julio, un día antes de su salida física a las bateas se presentaron como en las viejas épocas cuando la radio era el único medio de difusión masivo, todas las canciones con algunos cortes entre la voz del locutor y artística del programa para evitar lo inevitable, no subir ese material al ciberespacio. Dentro de este contexto se pueden analizar múltiples factores sociales, culturales y económicos, todos conjugados dentro de la producción musical.

La idea de que el “Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado” vuelvan a presentarse en vivo cada vez suena más lejana. Por eso cada movimiento del artista está monitoreado por los ojos ciegos bien abiertos de todos los que sueñan con volver a verlo balancearse sobre sus brazos dentro de un escenario. Aunque no se descarta esta posibilidad, seguramente esta vez las reglas serán diferentes.

Sobre un último show: “Probablemente lo primero que haya es un streaming para ver en qué condiciones estoy. Vamos a ver, probablemente haya alguna despedida”.

En plena era de plataformas de reproducción de música y el mainstream, este señor de 69 años desafía reglas, mandatos y formulas de producción y vuelve a las bases, utilizar a la radio como medio de difusión, potenciada claro está dentro de la viralizacion de internet. Plan perfecto para cualquier artista emergente que sueña con hacer llegar sus canciones. Pero por el momento, él solo lo puede lograr.

Como último condimento, siempre es bueno recordar a su público. Ese que lo sigue a todas partes, al que no le importa de distancias, a los creadores del pogo más grande del mundo; a ellos que juntan cada centavo para ir corriendo a la disquería, hacer filas desde temprano, todo para llevarse a su casa un formato que está en vías de extinción; pero que paradójicamente en menos de una semana ya se encuentra agotado.  Seguramente estas, y muchas otras razones, son las que hacen que muchos ahí afuera sigan escupiendo al cielo.

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