Divididos en el Hipódromo de Palermo: Tres décadas haciendo cosas raras para gente normal

Con la lluvia como enemigo y en un repleto Hipódromo, Divididos festejó anoche 30 años de historias.

Por Alejandro Javier Gutiérrez / Periodista

El viernes la televisión anunciaba una buena y una mala. La buena: la banda de rock Divididos el sábado festejaba, con entradas agotadas, 30 años de la aparición de su primera placa discográfica “Haciendo cosas raras”. Disco debut de Ricardo Mollo y Diego Armedo, después de la separación de Sumo, tras el fallecimiento de su líder Luca Prodan. La mala: San Pedro tenía preparado un fin de semana gris en la capital, con chaparrones y tormentas dispersas.

La procesión de los Santos en remera se hacía sentir en las calles. La cita estaba pautada hace casi cuatro meses atrás. El Basta fuerte de la aplanadora del rock al aire libre en el Hipódromo de Palermo parecía ser la oportunidad perfecta para reafirmar los votos ante el trío rockero más importante de nuestro rock argentino.

El subte y los bondis no paraban de escupir remeras negras y bolsitas con latas de cerveza. El acceso y las calles colectoras explotaban de gente. Pilotos de bolsita de hielo a 100 mangos, 3 calcomanías por 20 pesos, latas y las populares Paty todo siempre al valor de un Roca. El dólar también pego duró en la escena del rock.

Divididos en el Hipódromo de Palermo
Foto: Nacho Arnedo – Divididos

De ingreso rápido al predio la llovizna y el viento golpeaba las caras. La entrada amarilla y aburrida, carente de ser un objeto coleccionable, daba como horario de comienzo a las 21:00. Pero el tiempo y la gente que buscaba un hueco entre la multitud hicieron que todo comience 36 minutos más tarde. Mientras tanto se podía ver a los de plateistas amuchonarse resguardados bajos sus paraguas comprar su cena en los food track de comidas, que tenían como menú hamburguesa gourmet con un vasito de jugo natural.

“Che, ¿que esperas?” fue la primera de las 28 canciones que se proyectaron por más de dos horas y media de lluvia y rock. Así comenzaba esta historia de repasar las reversiones a sonido actual del primer disco. Es sabido para quien alguna vez estuvo en un recital de la Aplanadora del rock, ya conoce como es la historia de su play list, sus covers, cuando suena “Rasputin” es la alerta de que pronto llegará “Ala Delta” y así el fin. En el último tiempo, “El ojo blindando”y “Next week”, coronan el tributo que siempre queremos escuchar.

Divididos en el Hipódromo de Palermo
Foto: Nacho Arnedo – Divididos

Aunque ya todos sabemos cómo funciona ahí arriba del escenario, la magia se produce en todo lo que tienen para desempolvar dentro de estas 3 décadas de discos editados. Pero para esta ocasión la consigna era clara, escuchar una especie de nuevo disco, que fue editado hace 30 años.

La consigna se ajustó a lo planeado y se escucharon casi todas las canciones. Pero claro, la aplanadora tenía preparado otros matices en su repertorio. Apareció el momento fusión folck-rock con “La flor azul” acompañado de la guitarra de Jorge Calcaterra y el violín de Javier Casalla. Como invitado especial estuvo uno de los culpables de la “Era de la boludez”, el gran Gustavo Santaolalla interpretó una exquisita versión de “¿Qué ves?”.

“Premisa fundamental, no perder la alegría”, esbozó Mollo antes de interpretar “Un alegre en este infierno” con un arreglo de cuerdas impecable. Más adelante volvió a hablar. “Gracias por salir de sus casas y venir hasta acá con esta lluvia y en una situación muy complicada del país”, afirmó mientras se escuchaba el ya clásico cantito en contra el presidente de la Nación.

Diego también tuvo sus momentos. Es raro escuchar bocados del bajista. Al parecer esta era una fecha especial. Se despachó al público: “Estamos disfrutando tanto todo esto… Gracias por acompañarnos en este viaje”. También destapó algunas anécdotas del principio de la banda, agradeció varias veces al público y hasta se dio el permitido de hacerle upa a su pequeño hijo.

Pero la noche no era sólo para los fundadores de la banda; Divididos tiene la suerte de la sangre joven del ya no más “Nene de antes” Catriel Ciavarella. Que aunque nunca emita un bocado, sabemos que no hace falta, los parches y los platillos hablan por él. Dos solos potentes y energéticos. Palillos volando por el aire, siempre en posición encorvada de vincha sobre su cabello, portando una remera de su banda preferida.

No quedan dudas que esta fecha quedará registrada en la memoria de todas las generaciones de fans. La dosis de Sumo fue grande, Pappo, Sandro, Hendrix y Atahualpa también estuvieron presentes para los festejos.

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